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Toma a Jesús como ejemplo y ¡haz lo mismo!

Toma a Jesús como ejemplo y ¡haz lo mismo!

(Filipenses 2:5-11)

Hace dos semanas, nos hemos ocupado de la cuestión ¿Cómo podemos tener unidad en la iglesia? Nos hemos dado cuenta de que lo importante es que tengamos a Jesucristo en cuenta y que estemos enfocados en Él.

Hoy queremos ocuparnos de la actitud de Jesús, que se nos presenta en los versículos 5 a 11 en una forma muy especial. Esta sección tiene teológicamente y dogmáticamente una posición muy importante en la Biblia. Pero una cosa no debemos olvidarnos: Esta sección sobre Jesús, de la cual la doctrina habló una y otra vez a través de los siglos, ¡no proviene de un interés dogmático! Esta revelación fue inspirada por el Espíritu Santo, cuando Pablo luchaba por encontrar la correcta, humilde y mansa unidad cristiana en la iglesia de Filippo. Entonces no leemos esta sección correctamente si obtenemos de estos versos la más clara imagen dogmática de la encarnación, humillación y exaltación de Jesús. Pero los leemos correctamente, cuando nuestro corazón egoísta y vanidoso es sacudido por el camino que Jesús fue y si voluntariamente tomamos la misma dirección en adoración a esta gratitud. Por eso es mi profundo deseo, que esta sección nos impresione tanto y no nos deje en paz hasta que estemos dispuestos a alinear nuestros puntos de vista de la vida a los de Jesús y que adoptemos la misma actitud.

2:5 Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, 
2:6 el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, 
2:7 sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; 
2:8 y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. 
2:9 Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, 
2:10 para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; 
2:11 y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.

Si queremos tener una unidad en la iglesia debemos hacer lo que dice Pablo en el versículo 5: Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús. Este es el mensaje principal y si no nos olvidamos de esto nunca y lo ponemos en práctica, entonces ¡tenemos casi el cielo en la tierra!

Hoy día seguimos con la unidad en la iglesia, pues Pablo escribe que debemos tomar el mismo sentir. En el verso 5 tenemos por un lado un resumen de lo que hemos visto hace dos semanas en los versículos 1-4 y en el otro lado es esta forma de pensar que en los versículos 6-11 se desarrollará con más precisión.

Este verso y también toda la sección se puede resumir en términos muy simples bajo el tema: ¡Toma a Jesús como un ejemplo!

Nuestro corazón debería ponerse en armonía con el de Jesús. El sentir de Jesús no debe solamente impresionarnos, sino penetrar en nuestros corazones y afectar nuestros pensamientos, palabras y acciones. Debe determinar nuestra vida entera. De hecho, si miramos más de cerca, Jesús no era una superestrella, un superstar, como se escucha de vez en cuando. Él no estaba buscando admiración, no Él quiere verdaderos discípulos, quienes se lo entreguen incondicionalmente. ¿Encuentra uno en ti? Esto es lo que quiero profundizar con el siguiente flash.

Si nos ocupamos ahora por la actitud de Jesús no es mi meta que sólo estamos impresionados por Jesús, pero que podamos adoptar su actitud, su sentir en nuestras vidas. Y es por eso que agrega la frase clave al tema: Toma a Jesús como ejemplo y ¡haz lo mismo! Pregúntate sencillamente a ti mismo en tu vida cotidiana: ¿Qué haría Jesús en esta situación?

La presente convocatoria Haya, pues, en vosotros este sentir se hace claramente, que nuestra mente no es determinada por nuestro carácter o nuestros antiguos hábitos, sino que nosotros podemos determinar nuestra mente y actitud con nuestra voluntad. Como hemos visto en los versos 1-4 que la voluntad forma el puente entre pensar y amar y la pregunta estaba en suspenso: ¿Quiero yo amar?, de la misma manera esta ahora la pregunta en suspenso: ¿Quiero yo adoptar la actitud y el sentir de Jesucristo en mi vida?

En la práctica no es tan fácil cambiar nuestra actitud realmente permanentemente. Seguramente algunos de nosotros ya hemos experimentado eso, que después de un rato caímos otra vez en la vieja actitud. ¿Qué hay que hacer? No nos dejemos desanimar, pero permitamos que Dios renueve otra vez nuestra actitud. Así nos enseñó Jesús en su invitación a seguirle en Lucas 9,23: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame.” Tenemos que renovar cada día nuestra mente y ajustarla de nuevo a la mente de Cristo. Eso es muy importante. ¿Cómo hacemos eso? Al leer su palabra. De esta manera aprendemos una y otra vez cual es la voluntad de Jesucristo. Porque nuestro sentir, nuestra actitud determina nuestros pensamientos, nuestro deseo y acción y en definitiva: nuestra forma de vida. Si aprendemos de la actitud de Jesucristo, nos enseñará el camino a la vida. Si tenemos su actitud, tenemos automáticamente también la actitud correcta hacia los demás en la iglesia y podemos proporcionar una unidad.

Ahora echemos un vistazo más de cerca, como era la actitud de Jesús. Verso 6 nos enseña que Jesús siendo en forma de Dios. Si escuchamos forma, a menudo asociamos esto con líneas y contornos, algo que tiene que ver con materia y sustancia. Pero como esta palabra está en relación con Dios, tiene que tener otro sentido. También nosotros conocemos otro uso de la palabra forma. Por ejemplo en el deporte hablamos de estar en buena forma. Si un delantero en el fútbol está "en buena forma", luego consigue un resultado excelente con sus habilidades innatas y adquiridas y puede meter la pelota y lograr el gol.

Entonces en este sentido, la palabra forma significa las posibilidades internas. Esto está cerca a la palabra griega. Siendo en forma de Dios significa que las posibilidades de Dios se están usando y expresando. Jesús por lo tanto comparte la imagen de Dios. Creo que nunca vamos a entender su alteza en medida perfecta durante nuestra humanidad. Juan nos dice, que Jesús es Dios (Juan 1:18). Jesús también es la fiel imagen de Dios y que sostiene todas las cosas con su palabra poderosa; nos enseña Hebreos 1. Luego llegamos a saber de la carta a los Colosenses, que Jesús es la imagen del Dios invisible y que por medio de Él fueron creadas todas las cosas (Col 1:15-16). ¡Cuán glorioso es el Hijo de Dios!

Nadie viene casi cerca de esta posición alta, pero sin embargo, se celebra a la gente famosa, ya sea estrellas de deportes, de la música, o personas políticas. ¡Sus fanáticos les aclaman como si fueran dioses en la tierra! Ser famoso es "in", debemos buscar y tener rango y nombre. Sin embargo, si somos sinceros, nos damos cuenta de que todo esto es como una burbuja: ¡Fuera lindo pero adentro nada de sustancia!

Pero ¿cómo va Jesús a su posición muy, muy alta? ¿Cómo ve Él su existencia divina? ¡Qué diferente es el pensamiento de Jesucristo! Aunque Jesús tenía todas las razones para celebrarse, Él no celebre su grandeza y majestad. Esto es humildad verdadera. Pablo escribe, que Jesús no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse. Jesús vio su ser en forma de Dios, no como algo a que aferrarse como un robo. Al contrario lo hizo Satanás, cuando el hizo creer a Adán y Eva que serán como Dios después de haber comido de la fruta prohibida (Gn 3,5). ¡Satanás en realidad se aferró el ser igual a Dios!

Pero no así Jesús. Lo vivido en el corazón de Jesús como pensamiento no estaba escondido allí pero salió como una serie de actos. Leemos verso 7: sino que se despojó a sí mismo. En vez mantener sus posibilidades divinas, se despojó u otro traducción se hizo nada. Se despojó de todo, pero por completo, hasta que Él se quedó ahí como un esclavo, a quien nada le pertenece. ¡Qué cambio tan marcado! Jesús no se despojó de su divinidad, sino de sus posibilidades divinas. Jesús siguió siendo Dios y además se hizo hombre, pero sin dejar de ser Dios. Entonces Jesús es 100% Dios y también 100% hombre.

Pablo añade después: tomando forma de siervo. Así debemos ver a Jesús como hombre en toda su existencia en la tierra: Despojado, forma de Dios en forma de siervo.

El esclavo de la antigüedad no conoció la libertad, no tenía posesiones; sólo quería hacer la voluntad de su señor, pero seguía siendo hombre. En otras palabras: Como un hombre que se hizo esclavo, por su propia culpa o por encarcelamiento en la guerra, no deja de ser hombre. De la misma manera Jesús no dejó de ser Dios, cuando se hizo semejante a los hombres. Jesús era similar como tú y yo, como dice Romanos 8:3 y Hebreos 2:14 y 17, pero con la diferencia de que él seguía siendo obediente.

Jesús abandonó todo, renunció a todo, no se aferró a nada. Por eso nos dejó un ejemplo para que lo imitemos. Esta sección tiene como objetivo instruir a los Filipenses y a nosotros que si nos aferramos a nuestro derecho, nuestro punto de vista o lo que sea, entonces no hemos entendido profundamente la actitud de Jesús. Pero justamente por eso tenemos aquí este himno a Cristo, para que aprendamos de la actitud de Jesús y que tengamos unidad dentro de la iglesia. Unidad tenemos si nosotros aplicamos esta actitud de Jesucristo en nuestras vidas.

Pablo continúa en verso 8: se humilló a sí mismo. Esto aclara otra vez, que Jesucristo se sacrificó por amor hacía nosotros. Además deja muy claro lo que significó la encarnación para Jesús: ¡Humillación! Creo que nunca podremos comprender en todas las profundidades lo que significa la humillación de Cristo, porque no sabemos todavía cuan bello es el cielo y como es estar allá. Cuando estemos en el cielo y cuando conozcamos que significó realmente para Jesús despojarse y humillarse, creo que nos quedaremos boca abiertos por el amor inmenso de Jesús, al estar dispuesto a dejar todo eso por nosotros!

Pero incluso más, porque se dice aquí después: haciéndose obediente hasta la muerte. Esta profundidad de la muerte no podemos definitivamente jamás imaginarnos. Él no se aferró puramente a nada, ni siquiera a su vida terrenal, sino vivió en obediencia absoluta a Dios. Jesús, que hubiera tenido muy buena razón de ser servido, Él sirvió. Así Jesús dijo de sí mismo: “Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Mr 10:45). 

La frase y muerte de cruz se nos hace oír de nuevo. No un fallecer de forma normal como nosotros tal vez deseamos nuestra muerte, sino una muerte en dolores insoportables en la cruz ha sido el caso de Jesús. Hasta el último minuto de su vida, Jesús ha sido obediente y al final entregó su vida por ti y mí. De tal manera Jesús se humilló también en su muerte, que ha sido igual como los malditos, porque Deuteronomio 21:23 nos enseña: “maldito por Dios es el colgado”. Jesús estaba dispuesto incluso a esto. La muerte no es el amigo de nadie, sino ¡una potestad, un enemigo! (1Co 15:26; Heb 2:14; Ap 20:14). Pero en este reino de la muerte el Príncipe de la vida ha ido voluntariamente. A través de la humillación de Jesús y la dedicación absoluta hasta la muerte, podemos obtener nosotros la redención como beneficiarios. Porque Jesús entregó su vida, todos los que creen en Él y lo aceptan como Señor, están a salvo de la muerte eterna y reciben la vida nueva y eterna con Él. Estimado oyente ¿tienes el perdón del pecado? ¿Has aceptado a Jesucristo como Salvador en tu vida? ¿Es Jesucristo el Señor en cada área de tu vida?

Si reflexionamos de nuevo sobre estos versículos hasta aquí, hemos aprendido mucho sobre la actitud de Jesucristo. El sentir de Jesús, su actitud ha sido: no aferrarse a su posición, su estatus, sus privilegios y derechos, sino humillarse  totalmente y despojarse de todo, incluso de su vida terrenal. Eso hizo en absoluta obediencia a su Padre para salvar el mundo. En otras palabras: Jesús se entregó por nosotros a pesar de nuestros terribles pecados, porque nos da tanto valor y valoraba nuestra vida más que la suya. Pablo nos enseñó en verso 5: Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús. La pregunta a nosotros: ¿Cómo puede ser la práctica hoy en día? La respuesta es lo que dice nuestro tema: Toma a Jesús como ejemplo y ¡haz lo mismo! Tenemos que aprender de Jesús día tras día e imitarlo, como él se despojó a sí mismo y tomó forma de siervo.

En los versículos 9 a 11, vamos a ver cómo Dios se sentía acerca de la actitud de Jesús. 9 Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, 10 para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; 11 y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.

En nuestra sección estamos yendo a través de las principales estaciones de la vida de Jesús. En verso 6, Jesús estaba todavía en el cielo y se preparó para su misión. Él estaba de acuerdo con despojarse de sus posibilidades divinas. En verso 7 nos quedábamos en el nacimiento, la encarnación. Verso 8 tenía el enfoque en la crucifixión. Ahora en verso 9 llegamos a su resurrección y ascensión. Los versículos 10 y 11 forman después la conclusión en el cielo.

9 Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo. Creo que es importante hacer notar que Jesús no se exaltó a sí mismo, sino que Dios el Padre es el agente. Dios exaltó a Jesús, no sólo un poco, pero le exaltó muy alto, excesivamente alto, ¡hasta lo sumo! ¡El camino de Jesús bajó a la profundidad extrema y ahora lo exaltó hasta lo sumo! El incremento en el lugar más alto significa la transferencia de la soberanía. Jesús es exaltado, él domina, reina, reina por siempre; ¡aún hoy en día!

Está claramente también en la segunda parte del verso, que Dios Padre le dio un nombre que es sobre todo nombre. Nadie es igual a Jesús, Él es el Supremo. La palabra que se traduce como "dar", realza el repartir de libre bondad y de gracia. Jesús no se apropió de este título, pero le fue dado por Dios.

Dos consecuencias de esto se muestran en los versículos 10 y 11, las cuales son también un cumplimiento de Isaías 45:23: Primero: para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra y segundo: y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.

El doblar de las rodillas es un símbolo de sumisión. Los vencidos se inclinan hacia su ganador a fin de que el ganador pudiera poner su pie en el cuello y para expresar que tiene derecho a la vida de la persona vencida. No es un signo de cortesía, pero sí de la auto-entrega.

Delante de este altamente cargado Señor doblará un día cada uno sus rodillas. Esto se aplica a los seres celestiales, terrestres y subterráneos. Los seres celestiales significan probablemente el mundo angélico. Los seres terrenales podríamos ser nosotros los seres humanos que vivimos, y los seres subterráneos podrían significar los muertos. Pero una cosa es clara: Esto  muestra sin lugar a dudas que cada ser está incluido. ¡Nadie escapa!

Todos, sin excepción, todos los conocidos y desconocidos, grandes y pequeños, simplemente todos se arrodillarán ante Él. Pero qué diferente será este doblar de rodillas. Algunos estarán agradecidos delante de Jesús y en adoración ante de su Redentor. Pero cuan horrorizado será la ruptura de las rodillas de aquellos, que pasaban por Jesús con orgullo en esta tierra, pensando que no necesitaban aceptar a Jesús como su Salvador o incluso haber luchado contra Él.

Pero no va a permanecer en una declaración silenciosa, sino el gran coro de todos los seres que es asombroso, reconocerá que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre. ¡Wow, qué momento más espectacular será este! Jesús es el Señor. Jesús es quien ejerce el poder. La palabra “Señor” hace hincapié en la superioridad y en el dominio de Jesús. ¡Jesús reina por toda la eternidad, Jesús tiene la última palabra! ¡Aleluya! Y todo eso da gloria a Dios Padre.

Para terminar, quisiera una vez más abarcar un arco ligeramente mayor en estos primeros 11 versos del segundo capítulo. Hace dos semanas, hemos tenido el tema: Tener unidad en la iglesia - ¿pero cómo? Ahora que hemos visto esta sección, ¿cuál es su respuesta a esta pregunta? Correcto, el tema de hoy: Toma a Jesús como ejemplo y ¡haz lo mismo!

Como hijos de Dios, debemos comportarnos como Jesucristo, pues Él mismo dijo en Juan 13:15: “Un ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis” y lo mismo dice aquí Pablo: Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús. Al poner la sección de hoy en el contexto más amplio de Filipenses, tenemos entonces la profunda y verdadera unidad como iglesia, si diariamente tomamos la actitud de Jesús y la aplicamos. Miren, Jesús no hizo nada por egoísmo o vanidad; no, Él se entregó en humildad y obediencia para nosotros. Por eso Dios lo levantó y le dio el lugar más alto. Si nosotros realmente comprendemos la importancia y el resultado de su humillación y de su obediencia, entonces esto nos motiva como iglesia a seguir ese mismo camino también hoy en día.

Hemos visto claro en esta sección a través de la vida de Jesucristo que el que está feliz detrás de otros hermanos, que le gusta hacer el servicio pequeño y discreto, que está dispuesto a renunciar a su "derecho" y su "honor", este puede mirar a Jesús y estar sin preocupación, porque puede saber: Dios bendecirá esta manera con la gracia y la gloria real.

Esto nos debe motivarnos e inspirarnos a todos, a seguir como Jesucristo  este camino de la obediencia, la humildad y la dedicación a partir de hoy.

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